El silencio en marcha- El oyente solitario. Editorial Locas Pasiones AM 1110.

A partir de este momento, por la AM 1110, “laoncediez”, como cada miércoles a las 13hs. transmite la cadena nacional de emisores indignados.

En el que será su último mensaje al país, habla “el oyente solitario”

¿Cómo ? ¿Es tu último mensaje? ¿En serio?

Bueno, al fin, ya era ya de que te callaras.

Acaso, ¿no estabas harto de escucharte, “oyente solitario”?

De mi parte, deberías pensar, deberías saber, todo lo que tenía para decir ya fue dicho.

Por eso esperaba desde hace unos días tu contribución al silencio.

Si no te dio resultado putear, gritar, arrojar palabras como piedras, denunciar, insistir, nombrarlos, grabar sus nombres en las paredes de la conciencia colectiva, dejar constancia, si nada de eso sirve, ¿por qué no probar con el silencio?

Te recuerdo, como dato, que las Marchas del Silencio acabaron con la dinastía de los Saadi en Catamarca. El feudo controlado por esa familia peronista no logró resistir a la multitud que cada noche marchaba, sin abrir la boca, por las calles del centro de Catamarca para exigir el juicio y el castigo a los asesinos de María Soledad Morales. Con los padres de Maria Soledad y la monja Martha Pelloni a la cabeza, ¿te acordás?, y la ayuda de la prensa que le dio voz nacional al silencio, ellos solitos, sin armas, sin consignas, sin banderas ni líderes políticos, ellos derrotaron a los sádicos.

El silencio funcionó como la resistencia pacífica de Gandhi. ?Qué hacer frente a ellos, a los que marchan sin hablar, a los que te enfrentan sin defensas, sin abrir la boca?

¿Qué van a hacer? ¿Reprimirlos?¿Tirarles bombas a los pies, mandar a un grupo a provocarlos? Nada se oía en la noche de Catamarca, sólo el ras-ras de los zapatos, de las zapatillas, de las ojotas, de las alpargatas contra el piso. Nada se oía, pero se podía ver la conciencia acusadora de la multitud que avanzaba como un fantasma negro, una sombra delatora sobre los culpables. La nube oscura los envolvía, los ahogaba, los aturdía con su estruendoso silencio y los culpables padecían ya la asfixia de la cárcel en la que se recluían aun antes de ser condenados.

No tenían ya donde ocultarse, a qué poder recurrir, a quién sobornar.

Menem les mandó al comisario Patti, intentaron comprar a los jueces de un tribunal, y al fin, rodeados por la multitud en silencio, cayeron, el entregador y el asesino de María Soledad Morales

Poco después, el silencio habló en las urnas, y nada se ha vuelto a saber de los Saadi desde entonces.

Y antes, por sí te hicieran falta más pruebas del poder demoledor que pueden alcanzar las víctimas marchando en silencio, te recuerdo a las primeras Madres caminando alrededor de la pirámide de la Plaza de Mayo. Ellas, no más de diez o quince, frente a toda una jauría de asesinos.

Por eso, en memoria de esa historia, es necesario que calles “oyente solitario”.

O que hablen ellos, los que dicen tenerla clara.

En mi condición de “oyente solitario” me resigno a escucharlos. Ellos parecen tener excusas para todo, yo no.

Ya no.

La vida en común, tal como la aprendimos a soñar, no es esta de ahora. La Escuela pública ya no integra y forma, sólo contiene. La Justicia no repara. La solidaridad no alcanza a tapar los agujeros con sus manos. La salud pública atiende los enfermos y heridos del sistema y las ambulancias recogen los restos.

Somos en conjunto el país del eterno retorno a la misma promesa.

Millones de tipos convencidos de que el problema es el otro.

Y somos, a la vez, los otros de los otros.

Víctimas o victimarios, según el día.

Unos asaltan las palabras, les roban el sentido, le dan “espesor”, escriben cartas abiertas, hacen declaraciones, dicen “pueblo”, “patria”, “trabajadores”, arrasan con la transmisión de imágenes falsas por cadena nacional y se llevan puesto todo lo que encuentran, se visten de consignas con la que disfrazan la historia. Mienten, encubren, corrompen.

Y matan.

Otros estafan. Hacen negocios, tienen cargos, influencias, son asesores, funcionarios, se despegan de un lado y se pegan a otro. Se salvan,  rapiñan, se protegen, se ocultan, se atrincheran, eluden, liquidan, desvían, transfieren, pactan, presionan, compran, se venden.

Y matan.

En esas estamos, estábamos estos días, matándonos como de costumbre, cuando de pronto el anunciado cambio de clima social se sobrecargó en diciembre y el aire comenzó a hervir. El dragón que parecía dormido con el cuento de la inclusión, rugió en la cueva. El animal prehistórico, pre-relato, la bestia sedienta de hambre y sed estaba ahí. Un día se olvidaron de darle de comer y salió a recordarnos que le basta toser, lanzar una bocanada de fuego para acabar con todo.

No hay letra escrita en la academia, en los salones que usan como propios de la biblioteca nacional, no hay cemento armado, ni guardias, ni pólizas de seguro, que nos protejan de los otros de nosotros mismos.

Somos, por acción o por omisión, nuestras propias bestias.

Treinta años de democracia, de los que veintidós estuvieron bajo el control del peronismo, no han servido para calmarnos, comprender, sumar y convivir.

Las cuentas del odio no se saldaron y ahora se las hacemos pagar a las nuevas generaciones. Miles, millones de pibes miran sin entender.

¿Qué obligación tienen de entender, qué se les puede reclamar o exigir si nadie se ocupado antes de ellos? ¿Qué necesidad de saber cómo y porqué sucedió todo y estamos como estamos si, además de negarle la educación, el trabajo y la salud, la historia que les cuentan es para ocultar lo que de verdad ocurrió?

Nadie les dice nada de frente y sin misterios, sin manipular los hechos

¿Quiénes son estos, qué hacían? ?Cómo construyeron sus fortunas y su poder?

¿Quiénes eran Nestor y Cristina Kirchner durante la dictadura, que dijeron o apoyaron durante el menemismo?

¿Y los sindicalistas del peronismo? Gerardo Martínez, el informante de la dictadura, Cavalieri, Lezcano…?qué?

Y todos los que pueden ser señalados como cómplices, mandos militares, jefes Montoneros que nunca asumieron la responsabilidad política de mandar a la muerte a cientos de jóvenes, dirigentes políticos traidores a sus jefes y a sus causas, como Aníbal Fernández, jueces que protegieron o absolvieron a corruptos confesos, supuestos defensores de los derechos humanos que se entregaron al poder.

¿Qué es lo que puede ver y esperar hoy un pibe, cuando compara los precios y los riesgos de una vida en oferta para la que nunca le alcanza?

La distancia entre lo que tiene, lo que desea y lo que le proponen es cada vez mayor.

¿Qué puede hacer, qué puede esperar?

Suspender la insoportable realidad con algo barato para consumir es el atajo. Un camino Con rumbo y destino a la nada, lo saben. Pero al menos es una salida. Y allá van…

¿Si no hay respuestas, para qué hacer preguntas?

Mejor olvidar. O no.

¿Somos así? ?Fuímos siempre así?

Mejor no olvidar que no todos son asi.

A esta hora, como ayer, como mañana, como hace tanto tiempo, como lo hará mientras pueda, Margarita Barrientos está dando de comer a pibes y padres en el barrio de Los Piletones. Y es muy probable que Juan Carr ya haya activado hoy la red solidaria para resolver las urgencias del día. Y cientos de Margaritas y Juanes en todo el país no perderán el tiempo escuchando este lamento porque hay mucho que hacer.

Pensar en ellos es también una buena razón para dejar de hablar y callar.

El silencio tal vez rinda más.

Este asunto del supuesto fin y del recurrente principio que nos hemos inventado y en el que se nos da por creer los fines de diciembre y los primeros días de enero, resulta útil ahora para encontrar el tiempo y el lugar del reencuentro con lo que te pasa.

 

En algún momento del próximo 31, pasadas las doce de la noche, con una copa en la mano, ahí donde estés, vas a mirar a las estrellas, a las sombras, a los ojos de la luna, de una fotografía,  de tus viejos, de tu mujer, de tus hijos, y brindarás entonces por lo que ha sido y lo que es, con tus mejores deseos de un año en paz, con amor, trabajo y salud,

En ese instante tan presente, probablemente el único de tanta intimidad con tu pasado y tu anhelado porvenir, algo bebido ya, ¿ por qué no aprovechás el descontrol de la situación y te “saquéas”?

Un saqueo de vos, sí. O, al menos, te amenazás con que si no te concedés, si no te entregás, si no te incluís, te vas a quedar llorando sin nada a las puertas del rentable negocio de arriesgar y vivir. Vos mismo debés comprometerte a liberar tus instintos más primarios para saquearte miedos, prejuicios y miserias.

Es decir: dejás de hablar sobre el deber ser y te ponés a hacer lo que te debés.

?No estás harto de ser parte de una promesa constante, una promesa que nunca termina de cumplirse?

Se te va la vida, se nos va la vida, y al final de cada año todo lo que logramos fue aguantar, seguir más o menos igual.

Un hijo más, una mujer menos, pero más o menos igual.

?No estás un poco cansado ya de vos mismo?

¿No estás harto ya de perder, de ganar nada, de esperar a que se convierta en realidad ese país “condenado al éxito”, ese país del que hablan, ese que todos dicen que nos merecemos?

¿No estás harto de ser parte de un sociedad que se consume en el consumo del día a día, sin proyectos comunes, sin ideales?

¿No estás harto de liquidar tus ilusiones, tus sueños, tus esperanzas? ¿No estas harto de venderte tan barato?

Saqueate.

Liberá los perros del odio que te inmoviliza, soltalos, dejalos ir. Esos perros no te protegen, te mantienen encerrado en vos. Te hacen ladrar a cualquiera que pasa.

Levantá las persianas, abri los ojos, rompé los candados, salí, reaccioná, recuperá tus reflejos animales, pensá con el cuerpo, convocá a las bestias y arrasate.

Se trata de cambiar. Por cambiar nomás, como dice la canción. O de cambiar algo en serio. Podés, claro que podés. Otros pueden, por qué no vos.

Cambiar, pasarte a nafta, a molotov, salir del off, de la protesta de café, ponerte en acción.

Cambiar.

Si uno cambia, todo cambia.

¿ De qué te sirvió hasta ahora saber, acusar, denunciar?

Estamos de acuerdo. Vamos a las marchas, puteamos a uno, a otro, bien, y después ¿qué?

Si algo queda claro al fin de cada año es que no basta con el deseo si no hay ganas.

No alcanza con apuntar en una libretita todo lo que querés.

Esas notas de pedido vuelven al cabo del tiempo convertidas en facturas.

No llegaste a lograr ni a disfrutar nada y encima aquello que deseabas te pesa como una deuda

Deja de pedir.

¿No estás harto de pedir?

¿Y si se tratara de dar?

¿Y si por una vez probaras dar en vez de pedir?

Darte una oportunidad, por ejemplo. De colaborar con una ong, de ofrecer tu tiempo y tus servicios a quien lo necesite, de dejar de putear a los mismos y apoyar a otros. De sorprenderte. De dejarte saquear por todos los tipos que también sos, o por los que fuiste y dejaste morir sin darles una mano para que al menos respiraran.

Porque fuiste otro tipo. Todos fuimos otros, seguramente mejores.

Porque todos somos siempre mejores que la vida que estamos llevando

Y nosotros mismos los hicimos callar a esos otros tipos que éramos, los idealistas, los utópicos, los soñadores, los que creíamos que la imaginación podía tomar el poder,  a esos tipos los ahogamos o los postergamos en la fácil, en  la que convenía en ese momento.

Pero el tiempo pasó para demostrarnos que zafar cuesta, lo mismo o más, y duele.

Zafás, zafamos, sí, pero al final duele. Nadie zafa solo.

Es todo.

Ahora si me callo por un tiempo largo.

Elijo el silencio y te espero.

Vamos a ver si pueden con el silencio en marcha.

Podríamos comenzar, por ejemplo, convocando a la primera marcha del silencio el próximo 22 de febrero en memoria de los 51 muertos en el tren y de todas las víctimas que causa la corrupción. Desde Once hasta Plaza de Mayo, para pedir Juicio y Castigo.

Pero en silencio.

Vamos a ver si resisten el silencio en marcha.

Nos encontramos ahí, el próximo 22 de febrero.

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Un pensamiento en “El silencio en marcha- El oyente solitario. Editorial Locas Pasiones AM 1110.

  1. Cuando las respuestas no llegan. Cuando después de tener una pila de años asomamos la cabeza al mundo y nos dan un chancletazo, toda la pila de años tambalea. Tambalean también todas nuestras enseñanzas, todo lo aprendido. Cuándo nos preguntan ¿Qué te pasa? y respondemos: “lo mejor es que no hubiera pasado” Y te quedás pensando. Lo mejor es que no hubiera pasado. No sirve el pasado, me digo. No sirve si después de tanto tiempo, de tanta vida nos sentimos como adolescentes sin rumbo. Temerosos de salir a buscar porque tenemos la certeza que nada encontraremos o, lo más triste, un próximo error. Lo más patético: no somos adolescentes. El espejo nos muestra cambiados y por más que la incertidumbre sea la misma, nosotros envejecimos.
    No supe hacer una fortuna. No soy una empresaria talentosa. Ni siquiera una actriz de cuarta soy. No tengo nadie que me mantenga ni espero recibir una herencia o cobrar un juicio millonario. Vivo al día. Con todo lo que implica vivir al día. Tengo un departamento que casi no puedo pagar. Tengo un laburo que es el que me permite vivir al día. Tengo una hija, un perro y algunas plantas que me son fieles y llenan de flores el balcón cuando se les canta, para ellas la primavera existe si tienen ganas, sino, son capaces de florecer en invierno. Tengo una biblioteca que me salva de la soledad. Algunas amigas que aparecen cuando las necesito. Música sin tiempo, o con el mío, que no es lo mismo pero es igual.
    Tengo soledades de domingo para rifar y demasiada melancolía.
    Tengo la que quise ser y no seré. Tengo terror a los años que vienen.
    Escribo esto para recordarme después.
    Por más miedo que tenga, no me voy a paralizar. Por más signos de pregunta que estallen en mi cabeza, voy a mejorar. Es inaguantable tener causas fundadas para no creer en los milagros.

    Esto lo escribí andá a saber cuándo… dos mil tres ó cuatro ó cinco. Todavía me parecía inaguantable no tener causas para creer, sí, aunque sea en los milagros. Hoy recibo un mensaje. “El oyente solitario” no será más un encuentro clandestino. No nos unirá nada. Ni la bronca. Sí. Sabemos que andamos por ahí. Preferimos el silencio antes que ensuciar las palabras. Antes que vaciarlas. Antes que verlas chorrear consignas pelotudas en bocas que mastican la historia y la vomitan como se les canta.
    Treinta años de democracia. Sí. Me robaron nada más que años, que esperanza, que ganas de tener ganas. Sin embargo me sigo retobando a la resignación. Si no hay respuestas voy a seguir preguntando. Aunque no me conteste nadie y “el oyente solitario” no esté los miércoles para tirarme un guiño, una soga, una puteada con la misma intensidad que mi puteada y me sienta un cacho menos sola. Después de todo la soledad es un amigo que no está. Nada nuevo bajo el sol. Otro lo dijo antes y lo dijo mejor.
    Sí. Claro que estoy harta. No de pedir. Me tiene harta la empecinación de los que dan mierda y acumulan para su lado verdes, guita, plata que ya sé, no hace la felicidad. La compra hecha y nosotros como giles siempre con la ñata contra el vidrio. Siempre para su lado que nunca es el mío. Ni el tuyo. Ni el de tantos otros de los otros.
    Ojalá no te callaras por un tiempo.
    Ojalá tires otra botella al mar, como las últimas Maga. Alguien había del otro lado. No alcanzó. Lo sé. Pero yo estaba como estuve antes. Ojalá el 22 de febrero nos junte. En silencio.
    Nos encontraremos en el silencio.

    Besos en la frente

    Silvia (alías DudaDesnuda)

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